La città vecchia

( Canta: Fabrizio de Andrè )
( Autor: Fabrizio de Andrè - 1965 )

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Originale


Nei quartieri dove il sole del buon Dio
non dà i suoi raggi,
ha già troppi impegni per scaldar la gente
d'altri paraggi,
una bimba canta la canzone antica
della donnaccia:
Quello che ancor non sai, tu lo imparerai
solo qui tra le mie braccia.

E se alla sua età le difetterà
la competenza,
presto affinerà le capacità
con l'esperienza.
Dove sono andati i tempi di una volta,
per Giunone,
quando ci voleva, per fare il mestiere,
anche un po' di vocazione.

Una gamba qua, una gamba là,
gonfi di vino,
quattro pensionati mezzo avvelenati
al tavolino.
Li troverai là, col tempo che fa,
estate e inverno
a stratracannare, a stramaledire le donne,
il tempo ed il governo.

Loro cercan là la felicità
dentro a un bicchiere
per dimenticare d'esser stati presi
per il sedere.
Ci sarà allegria, anche in agonia,
col vino forte,
porteran sul viso l'ombra d'un sorriso
tra le braccia della morte.

Vecchio professore, cosa vai cercando
in quel portone,
forse quella che sola ti può dare
una lezione.
Quella che di giorno chiami con disprezzo
"pubblica moglie",
quella che di notte stabilisce il prezzo
alle tue voglie.

Tu la cercherai, tu la invocherai
più d'una notte,
ti alzerai disfatto rimandando tutto
al ventisette,
quando incasserai, dilapiderai
mezza pensione,
diecimila lire per sentirti dire
"micio bello e bamboccione".

Se ti inoltrerai lungo le calate
dei vecchi moli,
in quell'aria spessa carica di sale,
gonfia di odori,
lì ci troverai i ladri, gli assassini
e il tipo strano,
quello che ha venduto per tremila lire
sua madre a un nano.

Se tu penserai, se giudicherai
da buon borghese,
li condannerai a cinquemila anni
più le spese,
ma se capirai, se li cercherai
fino in fondo,
se non sono gigli, son pur sempre figli,
vittime di questo mondo.

Traducción


En los barrios donde el sol del buen Dios
no envía sus rayos,
está ya demasiado ocupado como para calentar a la gente
de otros parajes,
una niña canta la canción antigua
de la mujerzuela.
Lo que aún no sabes lo aprenderás
sólo aquí entre mis brazos.

Y si a su edad adolecerá
de competencia
pronto afinará sus habilidades
con la experiencia
¿Qué ha sido de los tiempos
aquellos de Juno
cuando para ejercer la profesión hacía falta
también algo de vocación?

Una pierna acá, una pierna allá,
llenos de vino
cuatro jubilados medio envenenados
en la mesita.
Los encontrarás allá haga el tiempo que haga,
verano e invierno
tragando vino, maldiciendo y maldiciendo a las mujeres,
al tiempo y al gobierno.

Ellos buscan allá la felicidad
dentro de un vaso
para olvidarse de haber sido
dados por culo.
Habrá alegría también en la agonía
con el vino fuerte,
llevarán en la cara la sombra de una sonrisa
entre los brazos de la muerte.

Viejo profesor, ¿qué estás buscando
en ese portal,
quizás a aquélla que sola puede darte
una lección,
ésa que de día llamas con desprecio
"mujer pública"
ésa que de noche establece el precio
según sus deseos.

Tú la buscarás, tú la invocarás
más de una noche,
te levantarás deshecho aplazándolo todo
al veintisiete
cuando cobres dilapidarás
media pensión
diez mil liras por oír cómo te llaman:
"Minino guapo y bambocho".

Si te adentras por las bajadas
de los viejos muelles,
en ese aire espeso cargado de sal,
inflado de olores
allí encontrarás a los ladrones, los asesinos
y al tipo extraño,
aquél que por tres mil liras
vendió su madre a un enano.

Si piensas, y juzgas
como un buen burgués
los condenarás a cinco mil años
más los costas,
mas si entiendes, si los buscas
hasta el fondo,
aunque no sean lirios siguen siendo hijos
víctimas de este mundo.

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